jueves, 4 de julio de 2013

LA HISTORIA Y EL SENTIDO COMÚN (Paracuellos y la mano de Moscú)


LA HISTORIA Y EL SENTIDO COMÚN

(Paracuellos y la mano de Moscú)



por Antonio Fernández Ortiz
(Publicado en El Viejo Topo. Núm. 300, enero de 2013)

Muchos de los acontecimientos acaecidos en la guerra civil española han sido explicados eludiendo los entresijos del momento y las guerras intestinas, proporcionando razones que ignoran la complejidad y que atribuyen las responsabilidades de un modo superficial y zafio. Aquí, y en relación con los sucesos de Paracuellos, Antonio Fernández Ortiz desvela esa complejidad en torno a la supuesta “mano de Moscú” y rechaza las más recientes interpretaciones de aquellos hechos.

* * *

Con motivo de la muerte de Santiago Carrillo aparecieron en la prensa española diversos artículos en los que se hacía referencia a la vinculación de Carrillo con los sucesos de Paracuellos del Jarama que se saldaron con el fusilamiento de una gran cantidad de personas, presos procedentes de diferentes cárceles de la ciudad de Madrid. Las cifras, que varios autores sitúan alrededor de las 2.000 personas, oscilan hasta llegar a las 8.500, dependiendo siempre de la orientación ideológica de los autores y los medios de comunicación.

En lo que todo el mundo está de acuerdo es que dichos sucesos tuvieron lugar, y que fueron ajusticiadas de forma indiscriminada un gran número de personas. Si con las cifras de muertos hay diferencias importantes, cuando se habla de los responsables las diferencias se convierten en acusaciones y falta poco para llegar a las manos.

Para el franquismo y la literatura afín, Paracuellos del Jarama se convirtió en la gran arma arrojadiza contra la República y en la coartada, no sólo del Alzamiento, sino de toda la política de represión y terror que tuvo lugar durante y después de la guerra civil. Además, fue utilizada, y lo sigue siendo al día de hoy, para desacreditar a políticos y personajes históricos vinculados de una u otra manera con la República y en especial con la izquierda comunista.

Para los antifranquistas, Paracuellos pesaba y sigue pesando como un lastre que no permite salir del todo a la superficie. Si la violencia sistemática fue un instrumento de la derecha española en aquel conflicto, ¿cómo se explica lo de Paracuellos? ¿Cómo pudo ser que aquella República tan idealizada, aquel proyecto de futuro en libertad, protagonizara un acto violento tan difícil de explicar (no digamos ya de justificar)?

Y es entonces donde aparece, para tranquilidad de todos, la terrible mano de Moscú. Y todo queda explicado y solucionado en un instante. Aquí paz y después gloria. Y para muestra un botón. En el diario El País, edición digital de 21-09-2012, aparece publicado un artículo en el que sus cuatro autores (Ángel Viñas, Fernando Hernández, José Luis Ledesma y Paul Preston) realizan unas “Puntualizaciones sobre Paracuellos”. Veamos algunas cuestiones de forma y fondo.

La iniciativa o “chispazo que condujo a Paracuellos provino de uno de los agentes de la NKVD llegado a Madrid mes y medio antes”. Sorprende de principio la utilización del concepto de agente del NKVD. Decir eso y decir nada es lo mismo porque nada nos aclara. NKVD son las siglas de Narodnii Komissariat Vnutrennij Del, es decir, Comisariado Popular de Asuntos Internos, un equivalente a Ministerio del Interior. En el contexto de la Unión Soviética de aquellos años, un ministerio amplio y numeroso, con infinidad de departamentos, y escenario en aquellos tiempos de terribles luchas en su seno entre diferentes grupos y familias políticas enfrentadas unas a otras. ¿A qué departamento pertenecía aquel agente? ¿A la Dirección General de Seguridad del Estado, a la Sección con Poderes Especiales, a la Dirección General del Registro Civil o a la Milicia Obrera y Campesina? Supongamos que trabajaba en la Dirección General de Seguridad del Estado, pero, ¿en qué sección? ¿En la Especial (contraespionaje), en la Operativa, en la de Extranjero (espionaje en el exterior)? Saber eso es fundamental para entender aquella época.

Sorprende también la afirmación de que “La liquidación masiva de enemigos había sido una práctica habitual en la guerra civil rusa... la NKVD no dudó en recomendar la misma “profilaxis”. Claro, los españoles, ingenuos de nosotros, no sabíamos, hasta aquel momento, lo que era la liquidación masiva de enemigos. Tuvo que venir un agente comunista a explicárnoslo. Por cierto, al otro bando, al de Franco, ¿quién le explicó lo de la liquidación masiva? ¿Otro agente de Moscú? Por la historia hemos pasado siempre de puntillas sin mancharnos las manos. Gracias a ese comportamiento ejemplar sometimos a medio mundo bajo un imperio en el que no se ponía el sol. Claro que hay algunas voces que a lo largo de nuestra historia nos han recordado que no hemos pasado precisamente de puntillas. Por ejemplo, Bartolomé de las Casas y sus seguidores. Tampoco reaccionan muy bien en los Países Bajos cuando se nombra al Duque de Alba. Podemos hablar de tiempos más cercanos, como por ejemplo las Guerras Carlistas durante todo el siglo XIX o la pacificación de Asturias llevada a cabo por el General Francisco Franco en 1934.

Leyendo a estos autores da la impresión de que la eliminación masiva de enemigos la inventaron los rusos comunistas en su revolución, y que semejante práctica no tiene nada que ver con otros pueblos de la historia civilizada. Vamos, como si no tuviéramos otros maestros de los que tomar ejemplo. Napoleón, revolucionario ilustrado, fue un santo y sólo se le fue la mano un poco en Madrid. Claro, que el maestro Goya, que estuvo al quite, aprovechó para sacarle, de una vez y para siempre, los colores al emperador Bonaparte. En la I Guerra Mundial, alemanes, británicos, franceses y austro-húngaros tampoco emplearon técnicas masivas de liquidación de enemigos. No, era la gente la que se empeñaba en morirse de susto en las trincheras.

Hay algo que no termina de quedar del todo claro. Justo después de decir que la liquidación masiva de enemigos había sido una práctica habitual y que el NKVD no dudó en recomendar la misma profilaxis, se pone como ejemplo claro de “liquidación masiva” que “a finales de octubre de 1936 el embajador soviético ya sugirió recuperar a los presos dispuestos a servir a la República. Como se había hecho con los oficiales zaristas para que se unieran a los bolcheviques”. ¿Es ésta acaso una práctica de liquidación masiva? Más bien todo lo contrario. Es una actitud conciliadora. Actitud que, por cierto, a los bolcheviques exterminadores les dio gran resultado. Más de la mitad de los oficiales del antiguo ejército imperial se unieron a los bolcheviques. Unos por afinidad ideológica, pero la mayoría porque vieron en ellos a la única fuerza capaz de restablecer el Estado.

No se entiende lo de que “el agregado militar, coronel/general Goriev, informó crípticamente a Moscú de la labor desarrollada por la NKVD durante el asedio de Madrid en un despacho del 5 de abril de 1937 y mencionó un nombre, el de Alexander Orlov”. Críptico significa oscuro y enigmático. No parece muy factible que un mando militar con el rango de coronel general enviara un informe oscuro y enigmático a Moscú. Todo lo contrario, el informe debería ser claro y concreto. En todo caso enviaría un informe secreto, reservado, codificado, lo cual, por cierto, es la forma habitual de enviar este tipo de informes y no parece que sea un invento de los comunistas de Moscú. Curiosamente, resulta que en un borrador de dicho documento que hay en el archivo histórico del PCE falta precisamente la referencia al NKVD. Pero más curioso resulta constatar el rigor con el que se trabaja: “Se nos ha dicho que cuando un investigador ruso quiso consultar el despacho en los archivos moscovitas el legajo había sido declarado inaccesible. Otra casualidad”. ¿Quién lo ha dicho? ¿La tía Manolita? ¿La tendera de la esquina? Por favor, un poco de rigor. ¿Qué investigador ruso? ¿En qué archivo? ¿En qué fondo está catalogado el enigmático documento? Además, se plantea la dificultad del acceso a los documentos como una particularidad de los archivos rusos. En todos los archivos del mundo, incluidos, por supuesto, los españoles, hay materiales a los que los investigadores no tienen acceso. Hay que esperar a que venzan los plazos establecidos para hacerlos públicos.

Luego, si en el borrador falta la referencia al NKVD, y no se puede consultar el original del documento por ser “inaccesible”... ¿cómo sabemos que ese enigmático documento habla precisamente de la actividad de este ministerio? ¿Y si se refería al Servicio de Información Militar del Ejército Rojo, o al Ministerio de Asuntos Exteriores, o al MOPR (Organización Internacional de Ayuda a los Luchadores por la Revolución), o a la red de contraespionaje de la III Internacional? Insisto, este aspecto es de fundamental importancia.

Alexander Orlov
Continuemos. El coronel general Goriev menciona en su informe el nombre de Alexander Orlov como el del agente del NKVD autor del “chispazo” causante de la matanza. ¿Quién era Orlov? En realidad su nombre no era Alexander Mijailovich Orlov. Tampoco era el de Lev Lazarevich Nikolskii, ni el de Igor Konstantinovich Berg, algunos de los varios nombres que utilizó a lo largo de su vida. Su verdadero nombre era el de Leiba Lazarevich Feldbin y no era ruso, era judío, de los muchos que utilizaban nombres y apellidos rusos para ocultar su verdadera identidad. Participó en una de las redes encargadas de vender en el extranjero obras de arte y joyas pertenecientes a la Iglesia rusa. Con aquel dinero se financiaba la Rusia bolchevique de los primeros años revolucionarios y sirvió, entre otras cosas, para la financiación de la incipiente red de contraespionaje soviética en todo el mundo. Por cierto, una parte de aquel dinero y de las joyas y obras de arte se quedó en el camino y sirvió luego para financiar a los grupos que lucharon contra la línea política que representaba Stalin. Feldbin, estrechamente vinculado con varias de las “familias” políticas de aquellos años, participó desde muy pronto en las luchas intestinas que protagonizaron estas familias. Se destacó por la fabricación y falsificación de pruebas que sirvieron para eliminar a contrincantes políticos. Tuvo diversos destinos en el exterior: Francia, EE.UU., Alemania, Checoslovaquia, Austria, Suiza y, finalmente España, donde llegó en septiembre de 1936. Durante su estancia en España participó de forma activa en la organización de los servicios de contraespionaje de la República y en la organización de la lucha guerrillera en las zonas bajo control de Franco. Tuvo un papel relevante en la organización de la operación para el traslado de las reservas de oro de la República española a la URSS. Más tarde participó en la organización del secuestro y muerte de Andreu Nin.

En julio de 1938, Feldbin (alias Orlov) recibió la orden de regresar a Moscú. Independientemente de los casos en los que Moscú ya había constatado su deslealtad, el Servicio de Inteligencia Militar soviético en España había informado a Moscú de las sospechosas actividades en las que Feldbin había participado. Informado él de que en la URSS no le esperaba precisamente un recibimiento caluroso, Feldbin desapareció misteriosamente, eso sí, llevándose 60.000 dólares USA de la caja de su “oficina”, y sólo apareció más tarde en los EEUU, donde había llegado a través de Canadá. La mayoría de la documentación relacionada con su huida sigue inaccesible para su consulta en los archivos (otro ejemplo del secretismo ruso-comunista) y por lo tanto, al día de hoy, no se puede valorar en toda su dimensión el daño que supuso para la red soviética de contraespionaje su actividad desleal. 

Sí es de dominio público que ayudó a desmantelar la red de informadores y agentes introducida alrededor de Trotski, y que informó a éste del detalle de los planes para su liquidación. Luego, lo que ya es más conocido, participó en las campañas de propaganda de la CIA durante la guerra fría, con la publicación de libros sobre los “crímenes del estalinismo”. ¿De quién recibía instrucciones Feldbin? ¿De los soviéticos, de los franceses, de los alemanes, de los británicos o de los norteamericanos? Parece más probable que de todos al mismo tiempo. Vamos a suponer que recibía instrucciones solamente de la URSS. ¿Quién era entonces su jefe inmediato? ¿De quien dependía políticamente? ¿Cuál era la vertical de poder de la que dependía Feldbin? ¿Acaso recibía las órdenes directamente del Narkom (ministro) de Asuntos Internos o del propio Stalin? Después de conocer esta pequeña semblanza biográfica del personaje Feldbin, es difícil asegurar que era un “agente” de Stalin.

Asesores soviéticos
Es necesario hacer una pequeña incursión por la historia soviética para entender por qué son tan importantes estos detalles. Junto con Feldbin, otros asesores soviéticos estuvieron en la España republicana durante los años de la guerra. Algunos de ellos muy conocidos, otros, no tanto. Veamos unos pocos ejemplos.

Mijail Efimovich Koltsov es de los más conocidos. Su verdadero apellido era Fridliand, judío nacido en la ciudad de Kiev. Fue redactor jefe de las revistas Ogoniok y Krokodil. Miembro de la redacción colegiada del diario Pravda y corresponsal de este periódico en el extranjero (de 1922 a 1938). Fue uno de los directores de la Sección Extranjera de la Unión de Escritores de la URSS. Fue delegado en el Congreso Internacional en Defensa de la Cultura en París en 1935 y en Valencia en 1937. Llegó a España en 1936 como corresponsal de Pravda. Sus artículos fueron publicados regularmente en Moscú, donde en 1938 apareció una recopilación de estos artículos bajo el título de Diario español. En junio de 1938, ya en Moscú, fue elegido diputado del Soviet Supremo de la RSFSR. En la noche del 12 al 13 de diciembre de 1938 fue detenido en la redacción del periódico Pravda. Fue juzgado, y el 1 de febrero de 1940 fue condenado a muerte. 

Otro importante asesor soviético en España fue Iosif Grigulevich, cuyo verdadero nombre era Iuozas Griguliavichus. Lituano, nacido en la ciudad de Vilnius. Judío karaim. Desde muy joven comenzó a trabajar en el extranjero a través del MOPR. La mayor parte de su carrera la desarrolló en Iberoamérica. De hecho llegó a la España republicana procedente de Argentina. Al llegar a Madrid adoptó el nombre de José Ocampo. Trabajó con Naum Belkin, con Feldbin, Naum Eitingon, Koltsov, Eremburg, etc. (todos ellos judíos). Trabajó en la lucha contra las bandas de ladrones en Madrid y en la persecución de los grupos que se dedicaban a realizar “paseos”. Participó en el desmantelamiento de más de 200 checas de Madrid, muchas de las cuales “pedían” dinero a los detenidos con el que se “autofinanciaban”. Estuvo en Barcelona en los sucesos de mayo de 1937, participó en los combates en la ciudad y más tarde escribió sobre estos sucesos reconociendo la dureza de los combates. Participó en la detención de anarquistas en Barcelona y en la detención de dirigentes del POUM, entre ellos Andreu Nin, al que trasladaron a Madrid. Junto con Siqueiros fue uno de los organizadores y participantes en el atentado fallido a Trotski de mayo de 1940. Trabajó después en Argentina, Chile, Uruguay, Brasil e Italia. Finalmente, alcanzó la cima de su carrera como agente secreto cuando, con el nombre de Teodoro Castro, fue nombrado embajador de Costa Rica ante el Vaticano. Ya de vuelta en la URSS, en 1957, defendió su tesis doctoral: “El Vaticano. Religión, finanzas y política”. Desarrolló una intensa vida académica publicando una gran cantidad de trabajos científicos. Fue miembro del Instituto de Etnografía de la Academia de Ciencias de la URSS y uno de los fundadores del emblemático Instituto de América Latina, también de la Academia de Ciencias de la URSS.

German Gansovich Yagan, judío de Estonia. Coronel. Asesor militar en la España republicana entre 1936 y 1938. De vuelta a Moscú fue fusilado el 8 de julio de 1938. Semion Moiseevich Krivoshein, judío. Durante su estancia en España dirigió varias unidades de tanques. Luchó contra los japoneses en el lago Jasan en 1938 y contra los finlandeses en 1939-1940. Luchó durante toda la Guerra Patriótica, destacándose en la Batalla de Berlín. Héroe de la Unión Soviética. Profesor en la Academia Militar Frunze de Moscú. Murió en 1978. Grigorii Shtern. Judío. Militar. En 1937 y 1938 fue Asesor Militar en España. Participó en la batalla de Jaljin-Gol y en la guerra fino-soviética de 1939-1940. Héroe de la Unión Soviética. El 7 de junio de 1941 fue detenido y fusilado el 28 de octubre del mismo año.

¿Qué tenían en común estas personas? El hecho de que todos eran judíos. Unos eran agentes de diferentes servicios secretos soviéticos y otros eran militares. Unos acabaron fusilados al poco tiempo de pasar por España. Otros no, y tuvieron larga vida y éxito profesional.

La presencia judía
El 10 de julio de 1934 el Comité Central Ejecutivo de la URSS creó el Comisariado Popular de Asuntos Internos de la URSS. Genrij Yagoda, judío, fue nombrado Narkom (ministro) de Asuntos Internos (su verdadero nombre era el de Yegoda Gershenovich Enoj). En noviembre de 1935 en los servicios de Seguridad Nacional del NKVD fue establecido un sistema de grados y empleos similar al militar, aunque con diferente nomenclatura. La máxima graduación era la de Comisario de Seguridad Nacional (equivalente a general), que podía ser de primera, segunda y tercera categoría. Treinta y siete personas recibieron el grado de Comisario de Seguridad Nacional. De ellos: diecinueve judíos, diez rusos, cuatro letones, dos polacos y dos georgianos. Llama la atención el elevado porcentaje de judíos, el 51%, cuando el porcentaje total de población judía en la URSS no llegaba en aquellos años al 2%. Esta composición étnico-nacional de la cúpula del NKVD era extensible al resto del comisariado.

Hay una amplia bibliografía en la que se estudia el importante papel de los judíos en la revolución rusa. Una gran cantidad de jóvenes procedentes de las aldeas situadas en los territorios que históricamente habían permitido el establecimiento de judíos se incorporaron con gran energía al movimiento revolucionario ruso a partir del último tercio del siglo XIX. Su presencia y protagonismo no hizo más que aumentar con el tiempo, incorporándose a las organizaciones y partidos revolucionarios ya existentes o creando otros específicamente judíos, como fue el caso del BUND (Unión General de Trabajadores Judíos de Lituania, Polonia y Rusia) o el Partido Comunista Judío. Aunque en los momentos iniciales de la Revolución de Octubre algunas organizaciones como el BUND fueron contrarias a los bolcheviques, más tarde, después de pasar por escisiones y unificaciones varias, acabaron incorporándose mayoritariamente al Partido Comunista de toda la Unión (bolchevique).

Un rasgo determinante de estos jóvenes revolucionarios fue su entrega generosa a la causa que abrazaban, incorporando al movimiento revolucionario unas altas dosis de mesianismo y apasionamiento que se manifestaba principalmente en el empeño que ponían en cumplir las misiones que les eran encomendadas. Otro rasgo importante fue la concentración de estos jóvenes judíos en el Ejército Rojo de Obreros y Campesinos y en las diferentes instituciones y órganos de seguridad del Estado. Con el paso del tiempo, ya en los años 30 del siglo XX aquellos jóvenes fueron ascendiendo en la cadena de mando y atrayendo y promocionando a otros jóvenes, generalmente también judíos. Eso explica, en gran medida, la alta concentración de judíos en el NKVD en la segunda mitad de los años 30. Pero lo más importante, esta forma de captación y promoción estaba sustentada sobre relaciones personales y afinidades ideológico-políticas. De tal manera que fueron creándose y consolidándose diferentes grupos y clanes familiares que con el paso del tiempo y sobre la base de rivalidades políticas o personales llegaron a un grado tal de enfrentamiento que generó una lucha sin cuartel entre aquellas “familias”.

Las guerras internas
Quien piense de forma maniquea que en la URSS de aquellos años había dos bandos, los trotskistas y los estalinistas y que los primeros eran los buenos y los segundos los malos, se equivoca. Lo mismo que se equivoca el que piense que Stalin tenía el monopolio del empleo de la violencia a través de las estructuras del Estado. Los grupos contrincantes eran muchos y poderosos y todos aprovecharon las parcelas de poder que tenían en las estructuras del Estado para emplear la violencia en la lucha contra sus enemigos. Y otra cosa, las causas de las luchas no siempre eran tan honorables como la defensa de un modelo de socialismo. Aspectos tan terrenales y prosaicos como el dinero y el poder eran, en la mayoría de los casos, el trasfondo último de aquellos conflictos.

Genrij Yagoda fue cesado como Narkom (ministro) de Asuntos Internos en septiembre de 1936. Fue arrestado más tarde, el 5 de abril de 1937. Juzgado y condenado a muerte, fue fusilado el 15 de marzo de 1938.

El 26 de septiembre de 1936 Nikolai Ivanovich Ezhov, ruso, fue nombrado Narkom de Asuntos Internos. Nada más tomar posesión de su cargo Ezhov inició una limpieza de su ministerio. Ezhov, estaba estrechamente vinculado con algunos de los clanes familiares judíos (y no solamente porque su segunda esposa fuese judía) e inmediatamente comenzó a sustituir a todos aquellos altos cargos del Comisariado de Asuntos Internos vinculados a Yagoda (Enoj), el anterior Narkom, por personas de su entorno más cercano. Un ejemplo ilustrativo: los cuatro primeros nombramientos de altos cargos que realizó Ezhov fueron: Mijail Iosifovich Litvin, Isaac Ilich Shapiro, Vladimir Efimovich Tsesarskii y Semion Borisovich Zhukovskii. Todos ellos judíos. A los cambios en la cúpula siguió una cascada de cambios y sustituciones por todo el NKVD. En multitud de casos los cambios y sustituciones estaban fundamentados por actitudes de revancha, y los ceses implicaban la eliminación física del contrincante.

Apenas dos años más tarde, el 25 de noviembre de 1938, Ezhov fue cesado, más tarde detenido, juzgado y condenado a muerte. Fue ejecutado el 4 de febrero de 1940. Le sustituyó Lavrenti Beria, georgiano. Beria inició inmediatamente otra limpieza de cuadros del NKVD, y muchos fueron fusilados, pero en una proporción infinitamente menor. A partir de aquel momento la cantidad de judíos en las diferentes estructuras del NKVD descendió radicalmente. Pero lo más importante: durante un largo periodo fueron neutralizados los clanes políticos.

Stanislav Frantsevich Redens, polaco, era uno de los Comisarios de Seguridad del Estado de Primera Categoría de la lista de la que hablábamos antes. También era cuñado de Stalin. Su último cargo fue el de Comisario Popular de Asuntos Internos de Kazajstán. Allí tuvo como Vicecomisario a Mijail Pavlovich Shreider (su verdadero nombre Izrail Mendelevich Shreider, judío, detenido en 1938, juzgado y condenado a 10 años), quien años más tarde recogió en sus memorias una conversación con su jefe Redens: “Según palabras de Redens, después de tomar unas copas en la dacha, Ezhov se sinceró con sus subordinados presentes en la reunión. ¿De qué tenéis miedo? Todo el poder está en vuestras manos. Ejecutamos a quienes queremos y a quienes queremos perdonamos. Vosotros sois jefes regionales y sin embargo les tenéis miedo a los secretarios regionales del Partido, a quienes no conoce nadie. Tenéis que saber trabajar. Vosotros comprended que somos los más importantes. Es necesario que todos, comenzando por los secretarios regionales del Partido, se encuentren por debajo de nosotros. Tenemos que ser las personas con más autoridad en las regiones”. En estas palabras podemos apreciar una de las claves para entender la violencia de aquellos años. Stanislav Redens, cuñado de Stalin, fue fusilado ocho días después que el Narkom Ezhov. Como resumen podemos decir que en el año 1941, de aquellos treinta y siete Comisarios de Seguridad del Estado, sólo quedaban vivos dos. El resto se habían matado entre ellos en aquella guerra oscura.

Con la llegada de los asesores militares y de los agentes de los diferentes servicios de inteligencia soviéticos, la España republicana se convirtió en parte del teatro de operaciones en el que se desenvolvió aquella lucha. Se trajeron su guerra a otra guerra, lo que dio un carácter más dramático a sus luchas intestinas, porque en muchas ocasiones sus acciones tenían consecuencias negativas para la causa republicana. Una parte de sus iniciativas o de sus acciones obedecían a las directrices de sus jefes, en muchos casos no de sus jefes jerárquicos, sino de los líderes de las familias políticas a las que pertenecían y estaban destinados a mermar o socavar la influencia y el poder de los otros grupos. Muchos de aquellos asesores y agentes murieron en España. Otros, una vez aclaradas sus responsabilidades, fueron fusilados al volver a la URSS. Otros huye- ron. Otros continuaron viviendo y haciendo su trabajo.

¿Fue Stalin el único responsable de aquella guerra oculta, o fue una parte más en el conflicto? La historiografía occidental sobre la URSS, saturada de su componente antisoviético y rusófobo mete todas las víctimas de aquella terrible tragedia en una gran chistera de mago de circo y saca al público un fantasma: el del estalinismo. Y con eso lo explica todo.

Las sacas
Sigamos con España, Paracuellos y los comunistas españoles. “La recomendación de la NKVD la puso en marcha Pedro Fernández Checa, Secretario de Organización del PCE.” Está afirmación tampoco nos dice nada. ¿De dónde sabemos que la recomendación fue del NKVD? ¿Del enigmático documento? Suponiendo que la recomendación fuese de Feldbin no hay nada que nos garantice que dicha recomendación obedecía a una directriz u orden de Stalin. Pudo ser una iniciativa del propio Feldbin, o de su jefe inmediato en algún lugar de Europa, EEUU o la URSS. ¿A qué familia política pertenecía Feldbin o su jefe, el que le dio la orden? ¿Esas decisiones las tomaba directamente Stalin, o el Comisario (Ministro) de Asuntos Internos, o eran competencia de algún mando intermedio que se extralimitó en sus funciones?

Pero bueno, el caso es que de pronto Fernández Checa pone en marcha la idea. Por lo tanto, el responsable ya no es el agente de Moscú, sino el político español. El agente de Moscú, en calidad de consejero o asesor, sugiere, propone, aconseja o asesora. Para eso le han llamado. Luego, es el cargo político español el que toma la decisión de asumir el consejo o la sugerencia. Por tanto él es el responsable (siempre queda el consuelo de que pudo ser convencido de manera artera por el supuesto agente comunista de Moscú de lo útil que era liquidar masivamente a sus enemigos).

Aprovechando su posición de Secretario de Organización del PCE, Fernández Checa convoca a “militantes comunistas y anarco-sindicalistas quienes se encargaron de los aspectos operativos (...) todos colaboraron en la liquidación de la presunta quinta columna”. Vamos a suponer que eso fue así, pero ¿por qué ninguna autoridad impidió que durante un mes se fusilara de manera indiscriminada a un número tan elevado de personas? Sobre todo, teniendo en cuenta que a estas personas se les sacaba, mediante listas nominales previamente elaboradas por alguien que conocía muy bien a las futuras víctimas, de instituciones penitenciarias cuya custodia era prerrogativa del Estado. ¿Dónde estaban entonces las autoridades de la República? ¿Se habían volatilizado? Para empezar, el Gobierno de la República se había marchado de Madrid huyendo de Franco. Desde los días iniciales del Alzamiento de Franco y los suyos, los presidentes del Gobierno de la República y sus ministros no supieron o no quisieron hacer nada. El Estado se convirtió en un caos. El que no dimitió, hizo dejación de sus funciones hasta ver qué pasaba... Cuando parecía que el Gobierno presidido por Largo Caballero iba a tomar las riendas de la situación, se produjo el abandono de Madrid y el traslado del Gobierno de la República a Valencia. ¿Quién se hizo cargo del poder republicano en Madrid? Pues la Junta de Defensa de Madrid presidida por el General Miaja y con participación de todas las organizaciones del Frente Popular. Luego, la representación del Estado republicano en la ciudad de Madrid fue la Junta de Defensa de Madrid.

Continuemos. “Las primeras ‘sacas’ se examinaron en una de las periódicas reuniones de la Junta de Defensa de Madrid. Ninguno de sus componentes pudo alegar desconocimiento sobre lo ocurrido. Dado que la presidía el general Miaja, sería difícil exonerarle de responsabilidad. También a los demás componentes. Uno de ellos, el Consejero de Orden Público, Santiago Carrillo”. ¿Qué significa “se examinaron en una de las periódicas reuniones”? ¿Alguien leyó un informe, o una noticia en un periódico, o comentaron un chisme que les había contado la portera del edificio? Decir eso es no decir, nuevamente, nada. ¿Qué examinaron? ¿La decisión de Fernández Checa? ¿Les pareció bien, la aprobaron, la rechazaron o se encogieron de hombros todos al unísono? Podemos entender que “se estudió la propuesta de Don Fulano de tal, representante de tal organización para fusilar, trasladar, liberar, etc. a las personas detenidas en varias cárceles de la ciudad de Madrid...”. Después de estudiar la propuesta los miembros de la Junta se pronunciarían a favor o en contra y el Presidente de la misma ratificaría la decisión. O quizá al ser un órgano especial, la Junta no decidía por votación y las decisiones las tomaba el Presidente. Todo parece indicar que la Junta deliberó sobre ese asunto y tomó una decisión. Por lo tanto, si eso fue así, la Junta fue la responsable de los fusilamientos, independientemente de quiénes apretaran el gatillo.

Llama la atención el doble rasero con el que se escribe la historia. Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial y se llevó a cabo el Juicio de Nuremberg, se condenó a los jerarcas nazis por los crímenes cometidos. Sin embargo a muy pocos de los millones de soldados que se entretuvieron en la URSS en exterminar a la población civil soviética (unos dieciséis millones de personas, sí, dieciséis, y nadie habla de holocausto soviético) se les exigieron responsabilidades. Los pobres eran soldados y obedecían órdenes. Claro, que pusieron bastante empeño en el cumplimiento de aquellas órdenes para llevar a cabo tal exterminio de población civil. A aquellos soldados se les perdonó todo y con el tiempo se convirtieron, paradojas de la historia, en demócratas víctimas de la ocupación soviética. Hasta tal extremo, que el ínclito John Fitzgerald Kennedy, paradigma de la democracia occidental, se subió a una tribuna frente al muro de Berlín para decir aquello de que “todos los hombres libres, donde quiera que vivan, son ciudadanos de Berlín. Y por lo tanto, como hombre libre, estoy orgulloso de decir: yo también soy berlinés”. En aquellos tiempos (1963), en Berlín vivían precisamente aquellos soldados, hombres libres, que habían llevado a cabo las matanzas de civiles en la Unión Soviética. ¿Quizá para llevar la libertad a los eslavos infrahumanos? Supongo que Kennedy, cuando dijo que también era berlinés, conocía y asumía aquella faceta de sus admirados berlineses y no obstante se preocupó por la “libertad” de ellos. Sin embargo, en el caso que ahora analizamos, se hace todo lo contrario. Se exonera a los responsables políticos y militares que tomaron la decisión de los fusilamientos (por ejemplo García Oliver, Santiago Carrillo o el general Miaja), y se hace responsable a los supuestos “militantes comunistas y anarco-sindicalistas, quienes se encargaron de los aspectos operativos”.

Las “sacas” se realizaron durante todo el mes de noviembre y algunos días de diciembre. Fue un acto continuado en el tiempo y un secreto a voces del que tenía perfecto conocimiento el Gobierno de la República en su nueva sede de Valencia. De pronto, un buen día “Las ‘sacas’ se paralizaron por intervención del anarquista Melchor Rodríguez. Volvieron a reanudarse después de que éste quedara desautorizado por el ministro de Justicia, el expistolero García Oliver”. ¿Dónde está aquí el sentido común? Resulta que toda una Junta de Defensa de Madrid, que tiene bajo su mando a un gran dispositivo militar y policial, no puede hacer nada para impedir los fusilamientos, y de pronto un señor anarquista que se llama Melchor Rodríguez y que es Director de Prisiones, sin confirmar en el cargo, paraliza las sacas de la noche a la mañana. ¿Cómo es posible que lo que no pudo hacer la Junta de Defensa de Madrid lo hiciera Melchor Rodríguez desde su cargo de Director de Prisiones? ¿Qué fuerzas tenía a su cargo? ¿Qué mecanismos de poder tenía para implantar su autoridad? Pero continuamos en el asombro. El 14 de noviembre el ministro de Justicia, “el expistolero García Oliver” se presenta en Madrid con el Director de Prisiones titular, Juan Antonio Carnicero Giménez, y desautoriza a la única persona que había intervenido para detener aquella barbaridad. Y Melchor Rodríguez, un hombre al parecer responsable y consecuente, dimite. Y las “sacas” y los fusilamientos vuelven a empezar y continúan hasta el día 4 de diciembre, fecha en la que cesan definitivamente tras ser nombrado nuevamente Director de Prisiones el anarquista Melchor Rodríguez.

Pues bien, a pesar de todo lo anterior, nuestros historiadores insisten. Los responsables de Paracuellos fueron, por este orden: los soviéticos del NKVD, Fernández Checa y los comunistas españoles. No en vano la operación de Paracuellos “respondía al modus operandi comunista. El secretario de Organización era (...) el enlace con los servicios de inteligencia soviéticos”. Además, “Fernández Checa era también el responsable de una sección consustancial a toda organización de corte leninista: el aparato secreto o ilegal, compuesto de ‘cuadros especiales’ que se activaban según el contexto en que se desenvolviera el partido. (...) Algunos se formaban in situ; otros, como Santiago Álvarez Santiago (...) se instruyeron en la sección especial político-militar de la Escuela Leninista en Moscú o en su seminario político”. Este párrafo parece extraído de un grotesco guión de cine... Vaya obsesión con el modus operandi comunista, con el secretario de organización, con los soviéticos, con los cuadros especiales que se activaban (¿con alguna palabra mágica?), con la escuela leninista, etc. Evidentemente eso lo explica todo: el comportamiento del Gobierno de la Re- pública, el comportamiento de la Junta de Defensa de Madrid y el comportamiento concreto del Ministro de Justicia que destituye al único alto cargo de su ministerio que había conseguido, al parecer con muy poco esfuerzo, detener los fusilamientos. Así se escribe la historia.

Responsabilidades compartidas
No tratan estas páginas de ser un pliego de descargo de los comunistas. Pero sí tratan de llamar la atención sobre el empeño de muchos autores en hacer de los comunistas los únicos responsables de cualquier tragedia o suceso negativo. El Gobierno de la República en Valencia sabía de los hechos y no sólo no hizo nada por impedirlos, sino que cuando un alto cargo del Estado, el Director de Prisiones, paralizó los fusilamientos, envió a su Ministro de Justicia para llamar al orden a tan descuidado cargo. El Gobierno no utilizó, hasta el 4 de diciembre los grandes recursos que tenía para impedir los fusilamientos. En cuanto a la Junta de Defensa de Madrid, desde el primer día debatió las “sacas”en sus reuniones. Y no sólo no hizo nada por impedirlo, sino que todo indica que fue ese órgano de poder del Estado el que dio la orden y el que delegó en varios de sus miembros para la ejecución de la operación. Es evidente que los comunistas, como parte del Gobierno de la República y de la Junta de Defensa de Madrid comparten la responsabilidad política de aquellos acontecimientos con las otras organizaciones representadas en la Junta y en el Gobierno. Lo mismo ocurre con las personas, entre ellas Santiago Carrillo, que representaban a las organizaciones y partidos en el Gobierno y en la Junta de Defensa de Madrid.

No parece muy ético seguir intentando cerrar en falso las cuestiones históricas pendientes culpando, de nuevo, a los comunistas de todos los males. Semejantes intentos acaban convirtiéndose en burda propaganda anticomunista y antisoviética (cualquiera diría que todavía piensan que la URSS sigue existiendo). Y desde luego no es correcto culpar en exclusiva (o al 99%, según el método porcentual con que los chinos han valorado la época de Mao) a la “mano de Moscú” y a los comunistas españoles y sus supuestos métodos estalinistas. Sin embargo, personas de la talla de Gibson no tiritan a la hora de hacer afirmaciones temerarias: “Para Gibson, Carrillo ‘sabía perfectamente cómo habían sido’ los hechos en Paracuellos, pero ‘los que mandaban eran los asesores rusos, que tenían métodos estalinistas, terribles y espantosos’. (Público.es, edición de 16-10-2012). 

No sé si se dan cuenta quienes recurren a estos argumentos, pero ya aburren con la misma cantinela durante tantos años. Los que se llaman historiadores, ¿no tienen un poquito de curiosidad para ir más allá de la repetición de las mismas tonterías durante tanto tiempo? La rica historia del periodo soviético la reducen a cuatro estereotipos que no se cansan de repetir una y otra vez. ¿De verdad piensan que todo era tan burdo como se empeñan en presentar? Podrían cambiar de tercio y dedicarse a investigar la historia del periodo soviético. Les aseguro que es apasionante. Sólo un consejo. Si alguna vez se deciden, guarden la bibliografía anglosajona en un baúl, ciérrenlo con llave, tiren la llave al río. Vénganse a Rusia, aprendan ruso, hártense de leer la bibliografía rusa, trabajen en los archivos rusos, hablen con la gente, y luego, cuando recuperen los libros que guardaron en el baúl, verán lo ridículos que les parecerán la mayoría de ellos. No tengan miedo, no piensen que encontrarán entre los rusos una actitud unánime de defensa del pasado soviético. Todo lo contrario, son muchos los rusos que condenan el pasado soviético, pero al menos conocerán el debate desde dentro, con la presencia de todas las opiniones y versiones.

Hay otra cuestión importante. Después de tantos años de finalizada la guerra civil española de 1936-1939, después de tantos años transcurridos desde la muerte del dictador Franco y del inicio de la transición democrática, después de tantos años de la desaparición de la URSS, no se entiende el silencio del Partido Comunista de España. Se puede entender que durante los años de la transición el PCE no tuviera tiempo de dedicarse a una reflexión interna sobre su propia historia. Pero después de la tranquilidad impuesta por su casi desaparición de la vida política de España, después de haber entregado a Izquierda Unida el protagonismo de la lucha política diaria, ¿por qué hasta el día de hoy el PCE no ha iniciado un proceso de reflexión sobre su historia y ha dejado que sean otros los que la han escrito y siguen escribiéndola? Resulta patética tanta dejadez y abandono. No tiene perdón tanto derroche de tiempo histórico y de biografías desaprovechadas.

Urge esa reflexión. Es necesario que clarifiquen y escriban su historia. Que reconozcan sus responsabilidades, allá donde las tuvieran. Sobre todo en los asuntos oscuros como en Paracuellos del Jarama. El silencio por respuesta ya hace tiempo que nos les ayuda en nada. Aunque hay cosas peores que el silencio.
El Viejo Topo 300 / enero 2013

3 comentarios:

  1. Hola Antonio.

    Te felicito por iniciar este blog (y me felicito a mí mismo por poder disfrutarlo).
    Ya me sorprendió gratamente leer tu libro "Chechenia vs Rusia" y disfruté como un enano con "Vé y lucha". Aunque todavía no he podido "pillar" el de Espartania -y no sé cuando podré-, espero que sigas deleitándonos con tus artículos, entrevistas o cualquier otro material que creas conveniente que, como todo lo que he leído de tu pluma, resulta tan interesante, esclarecedor y, sobretodo, que invita a profunda reflexión.

    Gracias por todo, compañero. Por compartir tus conocimientos y por dar luz sobre estos períodos tergiversados y ocultados de la historia, tan necesitados de gente como tu.

    Un saludo desde Catalunya. Aitor.

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  2. Hola:
    Me parece muy interesante este árticulo. Estaba buscando, información sobre estos hechos , y lo encontré por casaulidad.
    También se me plantean muchos interrogantes:¿por qué aludes al origen judío de los "rusos"que estuvieron por aquí?, ¿cuál es tu conclusión al respecto? ¿que no hubo ninguna inspiración stalinista?
    Estoy de acuerdo en cuanto a la responsabilidad de las autoridades que propiciaron y ejecutaron las matanzas, y que hasta ahora, han escurrido el bulto, pero las matanzas nacionalistas, aún sin haber sido juzgadas, fueron de ideología fascista, y así se acepta entre la mayoría.

    Si concluímos con que todos los genocidios no son ideológicos, sino parte de la naturaleza humana a lo largo de la historia, no se puede analizar el efecto de una corriente en concreto, y cualquiera sería igualmente válida, o igualmente inútil.

    Comprendo la defensa general de la revolución comunista rusa, pero no por ello se puede ovbiar los episodios oscuros de la unión soviética.

    Y menos, si de lo que se está tratando aquí, es de no hacer eso mismo con lo que ocurrió en Paracuellos: el mismo rasero para todos, creo.

    Un saludo

    Marti

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  3. Hola, me he encontrado con este blog buscando información y libros (que próximamente conpraré) tanto el de Chechenia como el del círculo de Stalin.
    Toda mi vida he escuchado hablar de lo sanguinario que era Stalin incluso para su famiia ¿es cierto eso, lo referente a su familia?.
    Después, hay otra cosa que no me ha quedado clara y es que todos los anarquistas que conozco hablen de lo que hablen siempre salen el autoritarismo de Marx, de Lenin, el asesino de masas de Stalin ¿por qué le tienen tanta inquina a la Unión Soviética, tienen motivos fundados para ese sentimiento de odio?.
    En los recientes sucesos de Ucrania la culpa de todas las tropelías era de Rusia y Putin es otro demonio, las tropas rusas han impuesto la adhesión etc etc ¿que opinas de esto Antonio?.
    En este artículo tan interesante y (creo) bastante objetivo (me pareces una persona seria aún sin conocerte) haces alusión a Andreu Nin ¿por qué lo asesinaron los comunistas?. García Oliver está en un pedestal de los anarquistas y cuando hablan de él se les cae la baba (no entiendo nada).
    Otro asunto del artículo: vas mencionando las personas rusas (militares, agentes) que vinieron a España y hay algunos que no comentas nada que hayan hecho como para volver a Rusia y ser encarcelados y/o fusilados muchos de ellos aunque hay otros como el responsable de la muerte de Nin que vivió con éxito en su país ocupando altos cargos (tampoco lo entiendo).
    Me gustaría saber tu opinión sobre lo que realmente sucedió con la masacre de "Casas Viejas" porque me temos que tampoco lo han explicado como sucedió teniendo el ejemplo de Paracuellos..
    Los anarquistan dicen que los comunistas mataron a muchos de los suyos, que no quisieron hascer la revolución como ellos sí lo querían.. siempre hablar de su autoritarismo de que la Revolución de Octubre no fue nada ah y otra cosa que me intriga mucho, dicen que los bolcheviques fueron financiados por Wall Street ¿que hay de cierto en ello si es que lo hay?.
    Para ir finalizando, hablan de las matanzas de millones de ucranianos de hambre, cárcel etc por la Unión Soviética (Holomodor Ucraniano dicen) pero existen otras informaciones que desmienten
    totalmente eso.. mi ignorancia en esos temas es evidente aunque lo que te aseguro es que me gustaría tener una información veraz ya que la falsificación de la historia es tremenda ¿donde se esconde la ética de un escritor u historiador dejando escritos tan infumables sobre asuntos que luego descubres eran totalmente distintos?.
    Por último ¿me podrías recomendar alguna biografía que valiera la pena de Stalin, que fuera objetiva (un milagro quizá).

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